No somos de nunca acabar

Prefacio
No creo que le quede razón a este retorcido mundo. Hablo de esa razón que obliga por ejemplo a mover las manos cuando se aprende a nadar... de esa razón hablo. Casi instintivo. Razón asimilado a buen juicio, a un esfuerzo social por permanecer en condiciones de civilización, de civilidad, de cosas de educación cívica, de costumbres enseñadas en casa o aprendidas del rigor... pero buenas costumbres. Ya nadie saluda con el sombrero, pocos miran a los ojos cuando se presentan. Se esconden.
Lo desesperanzador es producto de un miserable desarrollo en el Chile como nación, como pueblo, como fuente identificatoria per se. El chileno admira todo lo que venga de afuera porque acá adentro le enseñan eso, entonces no son ellos mas que un producto del todo. Pese a lo evidente de lo que planteo antes, muchos se preguntan casi de manera inocente y extrañados: "¡¿Pero que pasa con la gente por Dios?!". Permítame aquí lector una licencia, pero es que ese acompañamiento sacro de la frase al final es una costumbre que todos han agararrado, aunque sea una vez, no me lo niegue con la cabeza. Pero el: "por Dios", es omnipresente. Irónico para el hereje resultará.
Socialmente se disgregaron los valores gregarios en una masa informe de personas que corren durante las horas en que están despiertos o fuera de la cama - que no es lo mismo -, porque tienen que conseguir las "lucas" para necesidades que los mismos medios y la comodidad humana les han fabricado. Y ellos han comprado complicemente (no se si existe esa palabra). Esta civilización debe ser más que motivo para el sufrimiento de los monarcas y héroes idos en gloriosas batallas en nombre de la libertad del hombre. En resumidas cuentas, en alguna parte equivocamos el rumbo. O sea, estamos perdidos. Estamos perdidos.
Y todo lo anterior sin mencionar nuestra condición como genero humano casi de plaga, gracias a la sobrepoblación. La que no es más que una grosera consecuencia de todo lo que digo más arriba y continuare desarrollando. Algo entendimos mal.
Pero permítanme continuar un poco la idea del párrafo precedente, eso de que digo que somos una plaga. Déjenme lucubrar con la mente ideas inconexas, pero que desarrolladas bajo la real lógica, esa que es entendida en su acepción de cátedra, me permitirá llevarlos al final del pensamiento que planteo como hipótesis: "El ser humano es una plaga en la tierra, ello asociado como causa y consecuencia -a la vez- en la sobrepoblación". Esa es mi visión, esa es mi misión; contarles el por qué creo yo en eso.
Selección natural en las criaturas del planeta Tierra
Muchas veces nos hemos espantado al ver o enterarnos que madres de perros, leones, zorros, gatos, pájaros, caballos, y todo tipo de criatura en general, han matado a sus crías recién nacidas. Esto ya sea por razones de violencia e intervención directa de la madre, como causante de lesiones provocadoras del deceso; o simplemente por el abandono alimentario de la hembra respecto al que recién ha parido. Entiéndase como alimentación mamaria este último punto.
A algunos, este simple comportamiento determinado en los animales por la herencia genética y el llamado "instinto", los espanta y lo abominan casi como si estuvieran al frente de lo peor de la existencia o la creación. O de lo que sea.
Sin embargo, eso que rechazan como comportamiento, mantiene uno de los fenómenos de la tierra más extraños, misteriosos y frágiles que hayamos podido identificar los humanos: el equilibrio u omeostasis. Miles de mejoras en el proceso evolutivo en las especies -que llamamos animales-, les ha enseñado que el sujeto que no posee características mínimas para desarrollarse efectivamente a lo largo de sus días de vida, mejor muere. Duro pero efectivo.
Esa es la selección natural, es la elección para seguir viviendo por parte de los padres –en general, decisión implícita asumida por la hembra y el macho en conjunto- del sujeto más fuerte. No resulta nada fácil de entender para nosotros.
Otro día sigo...

